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“El arte ha muerto”... y ahora también Pedro Friedeberg: adiós al último excéntrico del surrealismo

Pedro Friedeberg, artista surrealista mexicano y creador de la icónica Mano-Silla, murió el 5 de marzo de 2026 en San Miguel de Allende a los 90 años.

Muere Pedro Friedeberg, el último gran excéntrico del surrealismo mexicano
|Crédito: Especial

Decía que el arte había muerto. Que nada nuevo se había producido desde el surrealismo. Que el consumismo y la uniformidad habían acabado con todo. El 5 de marzo de 2026, Pedro Friedeberg murió en San Miguel de Allende, Guanajuato, a los 90 años, y con él se fue el último gran excéntrico del surrealismo mexicano.

No se han informado las causas de su muerte. Vivía semirretirado en esa ciudad, donde seguía trabajando en su estudio hasta sus últimos días.

El hombre que odiaba su obra más famosa

Su pieza más conocida, la Mano-Silla, la creó en 1962 y la presentó por primera vez en París. Le dio fama internacional, fue reinterpretada en decenas de materiales y colores, y terminó convirtiéndose en un símbolo de su estilo Neo Kitsch Barroco. Friedeberg llegó a odiarla. La consideraba sobreexplotada, un chiste que el mundo decidió tomar demasiado en serio.

El resto de su obra siguió la misma lógica del absurdo: edificios con techos en forma de alcachofas, rascacielos rematados con peras, pinturas de lugares que no existen.

Formó parte de Los Hartos, colectivo que en 1961 se rebeló contra la pretensión del arte contemporáneo. Cuatro matrimonios, consultas diarias al I Ching y una defensa sin complejos de figuras marginadas como Pita Amor completaban el retrato de un hombre que vivió exactamente como pintaba.

El surrealismo mexicano pierde a uno de sus últimos referentes

Friedeberg fue uno de los herederos de un movimiento que encontró en México su tierra más fértil.

André Breton visitó el país en 1938 y lo declaró el lugar más surrealista del mundo. Leonora Carrington, Remedios Varo y Frida Kahlo, quien siempre negó ser surrealista porque decía que pintaba su propia realidad, definieron ese universo. Friedeberg lo habitó con ironía hasta el final.

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