El saldo de víctimas entre muertos, heridos, damnificados y desaparecidos se cuenta en miles. Entre el polvo y el concreto roto, los sobrevivientes repiten que hoy lo material quedó en segundo plano. La urgencia es rescatar a quienes aún podrían seguir con vida, mientras más de 430 réplicas mantienen en vilo a la población.
Ante la falta de recursos y de personal suficiente, vecinos, estudiantes, médicos y voluntarios se han convertido también en rescatistas, convencidos de que cada par de manos puede significar una oportunidad más.
La ayuda internacional comienza a reforzar esa búsqueda con la llegada de más de mil 600 rescatistas extranjeros, mientras hospitales improvisados atienden sin descanso a los heridos y las autoridades intentan evitar una crisis sanitaria en las zonas devastadas.
Al mismo tiempo, miles de familias pasan las noches en refugios temporales, incapaces de regresar a viviendas que quedaron al borde del colapso.