Cuando el clima, los volcanes y el comercio cambiaron la historia
La peste negra es recordada como una de las pandemias más devastadoras de la historia, pero nuevas investigaciones sugieren que su expansión en Europa no fue solo producto de bacterias, ratas y pulgas. Un estudio reciente plantea que las erupciones volcánicas ocurridas en Asia a mediados del siglo XIV provocaron un enfriamiento prolongado del clima que terminó influyendo directamente en la llegada y rápida propagación de la enfermedad en el continente europeo.
De acuerdo con el análisis, las erupciones liberaron grandes cantidades de aerosoles a la atmósfera, lo que redujo las temperaturas durante varios años. Este enfriamiento afectó gravemente las cosechas en la región del Mediterráneo, generando hambrunas y una fuerte crisis alimentaria. Ante la escasez de trigo, las ciudades-estado europeas recurrieron al comercio a larga distancia para asegurar su abastecimiento.
Fue en ese contexto cuando potencias comerciales como Venecia y Génova intensificaron la importación de cereales desde zonas como el norte de África y la región del mar Negro. Sin embargo, esos cargamentos no solo transportaban alimento: también viajaban ratas y pulgas infectadas con la bacteria Yersinia pestis, responsable de la peste negra.
El estudio destaca que la combinación de cambio climático, decisiones humanas y redes comerciales creó el escenario perfecto para que la enfermedad ingresara a Europa alrededor de 1347 y se expandiera con rapidez por Italia y otras regiones. Incluso, parte del grano importado fue redistribuido hacia ciudades del interior, lo que facilitó nuevos brotes.
Los investigadores señalan que este caso demuestra cómo los fenómenos naturales pueden desencadenar consecuencias sociales y sanitarias inesperadas, especialmente cuando se combinan con factores económicos y políticos. Aunque hoy la peste negra es extremadamente improbable gracias a los avances médicos, el análisis sirve como advertencia sobre la relación entre clima, comercio y salud pública, una lección que sigue siendo relevante frente al cambio climático actual.