Medio siglo sin pisar la Luna: política, presupuesto y una nueva carrera espacial
Han pasado más de 50 años desde el último regreso a la Luna por parte de la NASA, y la pregunta sigue vigente: ¿por qué no hemos vuelto a la Luna desde 1972? La última misión tripulada fue el Apollo 17, cuando el astronauta Gene Cernan dejó las últimas huellas humanas sobre la superficie lunar. Desde entonces, el regreso a la Luna se ha convertido en una promesa que ha enfrentado múltiples obstáculos políticos, económicos y técnicos.
La voluntad política: el factor decisivo
Uno de los principales motivos por los que no hemos vuelto a la Luna tiene que ver con la falta de continuidad en los programas espaciales. Tras el éxito del programa Apollo program, el interés político disminuyó. Cada administración presidencial en Estados Unidos modificó las prioridades de la agencia espacial, cancelando o reformulando proyectos lunares.
Ir a la Luna implica inversiones multimillonarias, planificación a largo plazo y estabilidad presupuestaria. Sin una estrategia sostenida durante décadas, el regreso a la Luna se volvió inviable. Aunque hubo intentos posteriores, ninguno logró consolidarse hasta años recientes.
No es solo tecnología: es complejidad y riesgo
Aunque hoy contamos con computadoras miles de veces más potentes que las del programa Apollo, eso no significa que regresar a la Luna sea sencillo. Las misiones lunares son extremadamente complejas y peligrosas. La superficie lunar se encuentra a más de 400.000 kilómetros de la Tierra, y más de la mitad de los intentos históricos de alunizaje han fracasado.
Además, no es posible simplemente “repetir” el programa Apollo. Las cadenas de suministro, la infraestructura industrial y los equipos humanos que hicieron posible aquellas misiones ya no existen en la misma forma. Construir nuevamente esa capacidad tomó décadas y miles de millones de dólares.
Artemis: el intento más serio en décadas
El programa más ambicioso para concretar el regreso a la Luna es Artemis program. A diferencia del Apollo, Artemis no busca solo plantar una bandera, sino establecer una presencia humana sostenible. El objetivo es construir infraestructura que permita estancias prolongadas y eventualmente bases permanentes en la superficie lunar.
Este nuevo enfoque incluye colaboración con empresas privadas y aliados internacionales. Compañías como SpaceX participan en el desarrollo de sistemas clave, mientras que China también avanza con su propio programa lunar, lo que ha reactivado una nueva carrera espacial con tintes geopolíticos.
Más que una carrera: una estrategia a largo plazo
Hoy el regreso a la Luna no se plantea solo como una competencia simbólica, sino como un paso estratégico para futuras misiones a Marte y para la explotación de recursos como el hielo en los polos lunares. La experiencia acumulada en la Estación Espacial Internacional también ha sido fundamental para planear estancias más largas fuera de la Tierra.
Después de medio siglo, la humanidad está más cerca que nunca de volver. Sin embargo, el éxito dependerá de mantener la voluntad política, el financiamiento y la cooperación internacional. La pregunta ya no es solo por qué no hemos vuelto a la Luna, sino si esta vez lograremos quedarnos.