Logo puebla nuevo

¿Por qué fracasan los propósitos de Año Nuevo y cómo la ciencia explica por qué no los cumplimos?

Cada enero hacemos promesas que abandonamos en semanas. La ciencia explica por qué fallan los propósitos de Año Nuevo y cómo convertirlos en hábitos reales.

Cuando la motivación no alcanza: la ciencia detrás de los propósitos que abandonamos

Cada inicio de año está marcado por una lista de propósitos que prometen cambios profundos: hacer ejercicio, comer mejor, ahorrar dinero o aprender algo nuevo. Sin embargo, la ciencia del comportamiento explica que el problema no está en la falta de intención, sino en cómo planteamos esos objetivos. Los especialistas señalan que muchas personas confunden deseos con acciones concretas y, al no definir hábitos claros y realistas, los propósitos de Año Nuevo fracasan en cuestión de semanas.

Uno de los errores más comunes es elegir hábitos que no están alineados con el objetivo final. Por ejemplo, querer bajar de peso solo a través del ejercicio, sin modificar la alimentación, suele generar frustración y abandono. La psicología explica que somos mejores identificando resultados deseados que las acciones específicas necesarias para lograrlos, lo que provoca que el esfuerzo no tenga el impacto esperado.

Otro factor clave es la obsesión con el tiempo. Aunque existen teorías populares que hablan de 21 o 90 días para crear un hábito, los expertos aclaran que no hay una fórmula universal. El tiempo necesario depende de la persona y del hábito en cuestión. Enfocarse únicamente en cuántos días tomará el cambio puede distraer de lo realmente importante: la constancia, la repetición y el diseño de rutinas sostenibles.

La ciencia también distingue entre formar buenos hábitos y romper los malos. Las conductas negativas suelen ser más fáciles de adquirir porque activan la dopamina, la hormona del placer, lo que refuerza su repetición. Aun así, los especialistas subrayan que los hábitos positivos también pueden generar recompensas emocionales si se asocian con experiencias agradables, lo que facilita que el cerebro los adopte de manera automática.

Para aumentar las probabilidades de éxito, los expertos recomiendan estrategias claras: dividir los grandes objetivos en acciones pequeñas, escribir los propósitos, asumir responsabilidad con otras personas, establecer límites firmes, rediseñar el entorno para facilitar los buenos hábitos, repetir el comportamiento con frecuencia y celebrar tanto el esfuerzo como los avances. Además, hacer que los hábitos sean agradables —por ejemplo, combinarlos con música, compañía o actividades placenteras— ayuda a que se mantengan en el tiempo.

En conclusión, la ciencia demuestra que los propósitos de Año Nuevo no fracasan por falta de voluntad, sino por una mala estrategia. Cuando los objetivos se transforman en hábitos pequeños, realistas y emocionalmente positivos, el cambio deja de depender de la motivación momentánea y se convierte en parte natural de la vida diaria.

Tags relacionados

Contenido relacionado