La Luna no está dormida: así funcionan los moonquakes y la actividad sísmica lunar
La idea de que la Luna es un cuerpo completamente inerte quedó atrás cuando la NASA confirmó la existencia de los moonquakes, también conocidos como sismos en la Luna o temblores lunares. Gracias a los sismómetros instalados por astronautas del programa Apolo, se detectó que la actividad sísmica lunar es real y constante, demostrando que la Luna no está “muerta”, sino en transformación.
Existen distintos tipos de moonquakes. Los más profundos ocurren a cientos de kilómetros bajo la superficie y se producen por el efecto de la gravedad de la Tierra, que estira el interior lunar generando sismos en la Luna de origen tidal. Otros temblores lunares se generan porque la Luna se está enfriando y, como consecuencia, se encoge. Este proceso de enfriamiento de la Luna ha ocurrido desde su formación hace 4.5 mil millones de años y provoca fracturas en su corteza.
Algunos de estos sismos en la Luna pueden alcanzar magnitudes de hasta 5.5 en la escala de Richter y durar más de 10 minutos, algo sorprendente para un satélite natural. Además, también existen moonquakes causados por impactos de meteoritos y por los cambios extremos de temperatura entre el día y la noche lunar.
Las imágenes del Lunar Reconnaissance Orbiter han revelado fallas geológicas que confirman que la Luna se encoge. De hecho, los científicos estiman que su diámetro se ha reducido alrededor de 50 metros en los últimos cientos de millones de años.
En conclusión, los moonquakes y la actividad sísmica lunar son prueba de que la Luna sigue evolucionando. La Luna se encoge, tiembla y cambia lentamente, recordándonos que incluso los cuerpos celestes que parecen quietos siguen activos.