Si Monito Punch existiera en un laboratorio de la UNAM, probablemente estaría marcando el ritmo de Barry White sin que nadie se lo pidiera. Y no sería tan descabellado: investigadores del Instituto de Neurobiología de la UNAM, demostraron que los macacos pueden sincronizarse con música, un hallazgo publicado en la revista Science que sorprendió a la comunidad científica.
El estudio fue liderado por Vani Rajendran, Hugo Merchant, Luis Prado y Juan Pablo Márquez en el campus Juriquilla.
¿Cómo probaron que los macacos siguen el ritmo?
Los investigadores trabajaron durante más de tres años con dos macacos adultos, Gil y Tomás, en un laboratorio equipado para registro electrofisiológico.
Ambos debían identificar el pulso oculto dentro de canciones en flujo continuo, desde Barry White hasta piezas del siglo XV. Cada vez que lograban mantener intervalos rítmicos constantes, recibían gotas de jugo como recompensa.
El reto consistió en guiarlos hacia patrones musicales continuos.
Las piezas elegidas fueron:
- “You’re the First, the Last, My Everything”, de Barry White
- “New England”, de Billy Bragg
- “Passe et medio/Den iersten gaillar”, de Josquin des Prez
Lo que llamó la atención fue que no solo marcaban el ritmo con la mano, el parámetro medido, sino que movían el resto del cuerpo. Bailaban a su modo, sin que nadie se los pidiera y sin recompensa de por medio.
¿Los macacos como Monito Punch disfrutan la música ?
Aquí viene el matiz. los investigadores fueron claros: los macacos activan su sistema de recompensa de forma externa, motivados por el jugo.
Los humanos, en cambio, sentimos placer intrínseco al escuchar música, casi no podemos quedarnos quietos. La diferencia es importante: Gil y Tomás siguen el ritmo, pero no necesariamente lo disfrutan como lo harías tú si vas a un concierto.
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