En muchas partes del mundo, cerrar los ojos en plena jornada laboral puede costar más que una llamada de atención. Sin embargo, en Japón existe una práctica cultural que rompe con esa idea: el inemuri, una forma de descanso breve que no se interpreta como flojera, sino como muestra de dedicación.
El término significa literalmente “dormir mientras se está presente” y forma parte de la dinámica laboral japonesa desde hace décadas.
¿Qué es el inemuri y por qué no se castiga?
El inemuri no consiste en acostarse ni abandonar responsabilidades. Se trata de pequeñas siestas, generalmente sentado en el escritorio o en el transporte público, sin desconectarse por completo del entorno.
En la cultura laboral japonesa, el esfuerzo y la entrega tienen un valor central. Por eso, cuando un trabajador cabecea unos minutos, puede interpretarse como señal de que ha trabajado intensamente y el cansancio lo alcanzó. Más que una falta, es vista como evidencia de compromiso.
Eso sí, el descanso debe ser discreto y breve. No se trata de dormir profundamente, sino de recuperar energía para continuar.

Empresas que promueven pausas breves
En los últimos años, algunas compañías en Japón han comenzado a habilitar espacios especiales para descansos cortos: sillones cómodos, iluminación tenue y áreas silenciosas.
La intención no es fomentar la pereza, sino mejorar la concentración y reducir errores. Diversos estudios en salud laboral señalan que siestas de entre 10 y 20 minutos pueden aumentar el estado de alerta y el rendimiento cognitivo.
Un contraste con la cultura occidental
En oficinas fuera de Japón, dormir en horario laboral suele asociarse con desinterés o falta de profesionalismo. El inemuri plantea una perspectiva distinta: descansar unos minutos puede ser una herramienta para sostener el esfuerzo a largo plazo.
Este enfoque también abre la conversación sobre el agotamiento, la salud mental y el equilibrio entre vida personal y trabajo. En un entorno cada vez más demandante, la idea de que productividad y bienestar pueden convivir empieza a ganar terreno.
¿Por qué el veneno de escorpión puede llegar a costar 10 millones de dólares por litro?
