Un vistazo al futuro del Sol a través del “Ojo de Dios”
El telescopio espacial James Webb Space Telescope ha logrado captar una de las imágenes más impactantes del espacio profundo: la nebulosa Helix, conocida popularmente como el “Ojo de Dios”, ubicada a unos 650 años luz de la Tierra. Esta nebulosa planetaria no solo destaca por su forma inquietante y su enorme tamaño, sino porque representa una etapa clave en la muerte de una estrella similar a nuestro Sol, ofreciendo una visión clara de lo que ocurrirá cuando nuestra estrella llegue al final de su vida.
La imagen infrarroja revela con un nivel de detalle nunca antes visto miles de estructuras conocidas como “nudos cometarios”, formaciones de gas y polvo que parecen pequeños cometas gigantes, algunos de ellos con dimensiones comparables o incluso mayores que todo el Sistema Solar. Estas estructuras se forman cuando la intensa radiación de una enana blanca —el núcleo extremadamente caliente que queda tras la muerte de la estrella— interactúa con el material expulsado durante sus últimos momentos.
Además de su valor visual, la imagen permite comprender el llamado reciclaje cósmico. Durante este proceso, la estrella libera elementos esenciales como carbono, oxígeno y nitrógeno al espacio, los mismos que más tarde pueden dar origen a nuevas estrellas, planetas e incluso a la vida. La nebulosa Helix tiene una edad estimada de entre 10 mil y 12 mil años y continuará expandiéndose hasta desaparecer por completo en decenas de miles de años.
Lo más impactante es que este no es un fenómeno lejano o ajeno: los científicos explican que dentro de unos 5 mil millones de años, nuestro propio Sol se convertirá en una gigante roja, expulsará sus capas externas y formará una nebulosa planetaria muy similar al “Ojo de Dios”. Así, esta imagen no solo muestra la muerte de una estrella, sino también el inevitable destino que algún día alcanzará el Sistema Solar.