Michael Smith, un hombre de 54 años de Carolina del Norte, se declaró culpable ante las autoridades de haber generado más de 8 millones de dólares en regalías musicales mediante un esquema que combinó canciones creadas con inteligencia artificial (IA) y software automatizado para reproducciones falsas en las principales plataformas de streaming del mundo.
¿Cómo funcionaba el esquema y qué papel jugó la IA?
Todo arrancó con un catálogo masivo de canciones generadas con inteligencia artificial, producidas en colaboración con un cómplice y el director de una empresa musical especializada en IA.
Una vez subidas a plataformas como Spotify, Apple Music, Amazon Music y YouTube Music, Smith activó un sistema de cuentas bot, en ocasiones hasta 10 mil simultáneas, que reproducían las canciones de forma continua las 24 horas.
Para evitar ser detectado, operó a través de redes privadas virtuales que ocultaban el origen de las reproducciones.
El esquema funcionó durante siete años, entre 2017 y 2024, generando miles de millones de escuchas artificiales que se tradujeron en regalías reales pagadas por las plataformas.
¿Por qué esto no es un caso aislado en la industria?
El caso de Smith pone sobre la mesa una práctica que va mucho más allá de un individuo actuando solo.
A finales de 2025, Spotify enfrentó una demanda relacionada con las cifras de reproducción de Drake, tras detectarse actividad inusual como usuarios que supuestamente escuchaban su música hasta 23 horas al día, lo que apuntaba al uso de bots para inflar regalías.
Análisis independientes también han señalado patrones similares en las cifras de artistas como Bad Bunny, Taylor Swift y Shakira, sugiriendo que inflar reproducciones para mantener posiciones en rankings globales es una práctica más extendida de lo que las plataformas reconocen públicamente.
La diferencia, hasta ahora, es que ninguno de esos casos ha derivado en cargos formales.
¿Qué consecuencias enfrenta y qué dice la industria?
Smith podría enfrentar hasta cinco años de prisión. Las plataformas involucradas prohíben explícitamente cualquier práctica destinada a inflar reproducciones de forma artificial, aunque los mecanismos para detectarlas siguen siendo cuestionados.
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