Un viaje al inframundo zapoteca bajo la tierra de Oaxaca
El reciente hallazgo de una tumba zapoteca en Oaxaca ha sido catalogado por autoridades culturales como el descubrimiento arqueológico más relevante de la última década en México, tanto por su nivel de conservación como por la información histórica que aporta. La estructura funeraria data aproximadamente del año 600 de nuestra era y permaneció sellada durante más de 1,400 años, resguardando elementos arquitectónicos y pictóricos excepcionales que ayudan a comprender mejor la cosmovisión zapoteca.
La tumba fue localizada en la comunidad de San Pablo Huitzo, en los Valles Centrales del estado, y destaca por su compleja arquitectura y su rica decoración mural. En la entrada, un gran búho tallado en piedra domina el acceso a la antecámara; esta ave, asociada a la noche y a la muerte en la cultura zapoteca, cubre el rostro estucado y pintado de un personaje que podría representar a un ancestro importante, posiblemente venerado como intermediario entre los vivos y las divinidades.
En el interior se identificaron pinturas murales en cinco colores, ocre, blanco, verde, rojo y azul, que muestran una procesión de personajes cargando bolsas de copal, un elemento ritual clave, avanzando hacia la entrada funeraria. Además, el umbral está flanqueado por figuras esculpidas de un hombre y una mujer, interpretadas como guardianes del recinto, junto a lápidas con inscripciones calendáricas que refuerzan el simbolismo ritual del espacio.
Especialistas del Instituto Nacional de Antropología e Historia trabajan actualmente en la conservación del sitio, ya que las pinturas presentan daños por raíces, insectos y cambios ambientales. Paralelamente, se realizan estudios cerámicos, iconográficos y antropológicos que permitirán profundizar en los rituales funerarios, la organización social y las creencias sobre la muerte en la civilización zapoteca.
Este descubrimiento no solo confirma la sofisticación artística y simbólica de los zapotecos, sino que también amplía el entendimiento sobre cómo concebían el poder, el linaje y el tránsito al más allá, consolidando a Oaxaca como una de las regiones clave para comprender la historia prehispánica de México.