La corona de espinas asociada a Jesucristo se conserva actualmente en la Catedral de Notre-Dame, en París, donde fue rescatada tras el incendio de 2019 y desde 2025 se exhibe en fechas clave como el Viernes Santo.
La reliquia consiste en un aro de ramas sin espinas, ya que estas fueron retiradas y distribuidas durante siglos en distintas iglesias de Europa. Aunque existe una tradición histórica que respalda su origen, no hay pruebas científicas definitivas de que sea la corona original. Se cree que la pieza viajó de Jerusalén a Constantinopla y luego a Francia en el siglo XIII, cuando el rey Luis IX la adquirió. Más allá de su autenticidad, sigue siendo un poderoso símbolo de fe durante la Semana Santa.