El ayuno intermitente volvió al centro de la conversación tras la publicación de una revisión científica en 2026 que cuestiona su efectividad para bajar de peso. El análisis, difundido por la Cochrane Library, evaluó si este método realmente supera a las dietas tradicionales enfocadas en reducir calorías de manera constante.
La conclusión es clara: no hay evidencia sólida de que el ayuno permita adelgazar más rápido o de forma más efectiva que un plan alimenticio equilibrado.
¿Qué encontró la revisión científica?
Los investigadores analizaron 22 ensayos clínicos aleatorizados con seguimiento de hasta 12 meses, que incluyeron a casi 2 mil adultos con sobrepeso u obesidad en América, Europa, Asia y Oceanía.
Los resultados mostraron que la pérdida de peso promedio fue cercana al 3% del peso corporal inicial, una cifra prácticamente igual tanto en personas que practicaron ayuno intermitente como en quienes siguieron dietas convencionales con reducción calórica diaria.
Además, no se detectaron mejoras relevantes en calidad de vida ni beneficios metabólicos adicionales.
¿Por qué se volvió tan popular el ayuno intermitente?
El ayuno intermitente ganó fama por varias razones:
- Prometía adelgazar sin contar calorías estrictamente.
- Se vinculó con procesos celulares como la autofagia, asociada a regeneración celular.
- Se presentó como una alternativa sencilla frente a dietas restrictivas tradicionales.
Limitar la comida a ciertas horas del día o reducir drásticamente la ingesta algunos días a la semana resultó atractivo en un contexto de alta prevalencia de obesidad.
¿Qué significa esto para quienes buscan bajar de peso?
Los especialistas coinciden en que el factor determinante sigue siendo el balance energético: el cuerpo pierde peso cuando gasta más energía de la que consume.
El ayuno puede ayudar a algunas personas a controlar la ingesta al reducir las oportunidades de comer, pero no existe un “efecto mágico” que acelere la quema de grasa más allá de la restricción calórica.
Limitaciones del estudio
Aunque la revisión es amplia, la mayoría de los ensayos se realizó en países de altos ingresos y con periodos relativamente cortos. Aún faltan estudios de largo plazo que analicen impactos en enfermedades como diabetes o problemas cardiovasculares, así como la adherencia real al método.
En síntesis, la evidencia más reciente sugiere que el ayuno intermitente no ofrece ventajas superiores frente a una dieta equilibrada tradicional. La clave, señalan los expertos, sigue siendo adoptar hábitos sostenibles en el tiempo.
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