La millonaria obra estrella de la legislatura poblana resultó ser también su parque acuático. Apenas medio año después de su inauguración, ya brotan por todos lados las goteras y fugas en el edificio nuevo del Congreso de Puebla, convirtiendo salones en peceras y recepciones en zona de chapoteo. Y si alguien se lo preguntaba: sí, los diputados ya usan sombrilla… dentro del recinto.
Pero no todo es tragedia: también floreció un jardín en el techo gracias a la filtración constante, ideal para el relax legislativo. Mientras tanto, en el estacionamiento subterráneo, los charcos compiten con las fugas en una coreografía digna de musical. Porque claro, para eso sirvieron los 855 millones: para garantizar que las goteras y fugas en el edificio nuevo del Congreso de Puebla se conviertan en la única política verdaderamente constante.