Cuando cae la noche en puebla, el aroma a maíz, salsa y carne recién preparada invade las calles. Entre luces tenues y el ir y venir de la gente, las chalupas comienzan a dorarse en el comal, taquitos dorados que saben de maravilla y los molotes crujen anunciando que la jornada no termina… apenas comienza. Son sabores que acompañan nuestras noches y que se han convertido en parte de nuestra cotidianidad al buscar un alimento terminando la jornada o simplemente como una manera de consentirnos comiendo algo delicioso.
“La verdad es que yo trabajo hasta tarde, entonces regularmente no encuentro lugares para comer tan tarde. ligar me encantan los tacos dorados, están uff, ¿qué neta qué te digo, carnal?, la gente tiene que venir a probarlos y el servicio también, la verdad es que la gente es muy amable”, Andrés, Cliente.
Cada puesto es una historia de esfuerzo. En este puesto hay 26 años de tradición, siempre ubicados en el sur de la ciudad, en la unidad habitacional La Flor, y es que detrás de cada antojito hay manos que trabajan sin descanso, familias enteras que encuentran en estos platillos su principal sustento. Mientras algunos buscan calmar el hambre después del trabajo o como un antojo, otros luchan por obtener un ingreso de manera honrada, confiando en que cada pedido sea una oportunidad más para seguir adelante.
“Ahora sí que la necesidad, ahora sí que nos llevó a todo esto y, este, pues ahora sí que iniciamos, su servidor, este, mi mamá y un familiar empezamos con este negocio, con un anafre, una mesita; así fue como fuimos empezando. También soy padre de familia, tengo cuatro hijas y entonces pues actualizarnos todo día a día y pues igual echándole esfuerzo, ganas al trabajo”, Carlos Mendoza, vendedor de antojitos.
No todo es salado o crujiente cuando la noche avanza, también llegan los postres: pastel de chocolate, chocoflan, dulces y hasta botanas, que endulzan el momento y reúnen a las familias alrededor de un mismo antojo. Así, entre sabor, tradición y trabajo, los antojitos nocturnos no solo llenan el estómago… también mantienen vivas las historias de quienes hacen de la calle su fuente de ingreso y su esperanza.