El pasado 26 de junio de 2026, murió la última sobreviviente de polio en su hogar de Shawnee, Oklahoma, en Estados Unidos. Se trata de Martha Lillard, de 78 años, tras vivir más de siete décadas dependiendo de un pulmón de acero para respirar luego de haber contraído poliomielitis cuando tenía cinco años.
Su fallecimiento marcó el cierre de una de las historias de supervivencia más prolongadas relacionadas con esta enfermedad, erradicada en Estados Unidos desde finales de la década de 1970 gracias a la vacunación.
¿Cómo vivió Martha Lillard tras contraer polio?
Martha Lillard contrajo poliomielitis en 1953, dos años antes de que comenzara la aplicación masiva de la vacuna contra la enfermedad. Por lo que, el virus le provocó parálisis del cuello hacia abajo y afectó sus músculos respiratorios; necesitó permanecer conectada a un pulmón de acero para poder respirar.
A pesar de las limitaciones físicas, recuperó parcialmente la movilidad de sus piernas y de su brazo izquierdo mediante años de rehabilitación. Esa recuperación le permitió vivir sola durante gran parte de su vida y realizar diversas actividades cotidianas.
Incluso, en su infancia acudía únicamente unas horas a la escuela y complementaba sus estudios desde casa.
Posteriormente terminó la preparatoria mediante un sistema de comunicación telefónica que le permitía seguir las clases sin salir de su habitación.
Con el paso de los años también desarrolló actividades artísticas como la escritura de poemas y la composición de canciones.
En febrero de este año contrajo matrimonio con Baha Salh, un ciudadano egipcio con quien sostuvo una relación a distancia durante más de dos décadas.
¿De que murió la última sobreviviente de polio en Estados Unidos?
Sin embargo, en sus últimos años su estado de salud se deterioró tras padecer COVID-19 en dos ocasiones. Finalmente falleció debido a insuficiencia pulmonar crónica y síndrome pospolio.
¿Por qué la polio obligaba a utilizar un pulmón de acero?
Antes del desarrollo de los ventiladores mecánicos modernos, el pulmón de acero era la principal tecnología disponible para mantener con vida a personas con limitaciones en su capacidad respiratoria por la poliomielitis.
El dispositivo consistía en un gran cilindro metálico que rodeaba el cuerpo del paciente y generaba cambios de presión para expandir y contraer el tórax, permitiendo la entrada y salida de aire de los pulmones.
Con el avance de la medicina surgieron ventiladores de presión positiva; sin embargo, muchos pacientes con secuelas permanentes de polio, como Martha Lillard, nunca pudieron adaptarse a esos sistemas.
Las deformaciones en la caja torácica, la debilidad de los músculos respiratorios y el riesgo de complicaciones hacían que el pulmón de acero continuara siendo el método más seguro para mantener su respiración.
Cabe destacar que, su familia enfrentó dificultades para encontrar especialistas capaces de reparar el antiguo equipo, ya que no existían refacciones ni personal con experiencia en el mantenimiento de este tipo de aparatos.
Con la muerte de Martha Lillard también desaparece la última persona conocida en Estados Unidos que seguía utilizando un pulmón de acero como soporte vital.
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