No es inteligencia artificial, tampoco es un humano. Es algo intermedio que nadie había visto antes: 200 mil neuronas humanas cultivadas sobre un chip de silicio que aprendieron a jugar Doom en menos de una semana.
Lo logró Cortical Labs, empresa australiana que presentó el CL1 en el Mobile World Congress 2025 como la primera computadora biológica comercial del mundo. El sistema combina tejido neuronal vivo con un software llamado biOS, que gestiona el intercambio de señales eléctricas entre las neuronas y el entorno digital.
¿Cómo aprenden las neuronas a jugar Doom?
Las neuronas no ven la pantalla. Reciben patrones de estimulación eléctrica que representan información del juego, y su actividad se traduce en acciones dentro de él.
El desarrollador Sean Cole logró enseñarlas a jugar en una semana gracias a una interfaz que convierte código Python en señales eléctricas.
A diferencia de los sistemas de inteligencia artificial tradicionales, que requieren miles de iteraciones para aprender, este sistema mostró avances en días.
¿Para qué sirve en realidad y qué debate abre?
Cortical Labs no desarrolló el CL1 para jugar videojuegos. La empresa lo vende como herramienta de investigación biomédica, estudio del aprendizaje neuronal, pruebas farmacológicas y posibles aplicaciones en robótica.
Brett Kagan, uno de sus creadores, fue claro: "Sí, está vivo, y sí, es biológico, pero se utiliza como material que procesa información de formas que no podemos recrear en el silicio."
El debate ético sigue abierto. Los expertos insisten en que no estamos ante algo parecido a una mente consciente, aunque la pregunta ya está sobre la mesa.