Los zapatos bien lustrados, los uniformes impecables y el orgullo de los estudiantes como si cada paso fuera un homenaje a la patria, las banderas no solo se ondeaban, se sentían.
Los panderos marcaban el ritmo como latidos de un corazón mexicano que no deja de palpitar, así se vivió el desfile conmemorativo al inicio del movimiento de independencia.
Así, entre ritmos, color y mucho orgullo, Puebla vivió un 16 de septiembre que no sólo se escuchó… se sintió












