Actualmente, Puebla luce tapizada con el mensaje “Es tiempo de mujeres”, una frase que se ha convertido en uno de los principales lemas políticos de Morena y que reivindica la participación de las mujeres en la vida pública.
Pero en Puebla, esa consigna contrasta con recientes declaraciones del gobernador Alejandro Armenta Mier, quien justificó la ausencia de mujeres en algunos Concejos Municipales al considerar que sería “muy delicado” colocarlas en zonas con presencia de grupos delictivos, evidenciando la misoginia por parte del Ejecutivo del estado.
La contradicción resulta todavía más visible porque las mismas bardas que reproducen el mensaje muestran nombres de mujeres vinculadas con el proyecto político del partido: Celina Peña, Laura Artemisa y Gabriela Sánchez “La Bonita”.
“Es tiempo de mujeres”, pero no para todas: Persisten cuestionamientos en Puebla
Durante un recorrido realizado por TV Azteca en la zona metropolitana de Puebla, se contabilizaron hasta 2 mil 228 bardas con el mensaje “Es tiempo de mujeres”, colocado en zonas populares, residenciales, autopistas, rampas y paredes.
El mensaje convive con nombres de funcionarias y figuras políticas que han aparecido en pintas y actos de promoción política durante el año.
El contraste se hizo evidente después de que Armenta explicara la ausencia de mujeres en algunos Concejos Municipales de demarcaciones consideradas complicadas por la presencia de grupos delictivos.
“Para mí es muy delicado por poner a una mujer”, afirmó el gobernador al referirse a la posibilidad de colocar a una mujer al frente de esos municipios, comentario que desató indignación entre los poblanos quienes aseguraron un actuar misógino y machista.
La declaración fue cuestionada por activistas, colectivos feministas y sectores políticos, quienes señalaron que utilizar la inseguridad como argumento para limitar la participación de mujeres en espacios de decisión puede reproducir una visión paternalista sobre su capacidad para ejercer cargos públicos.
¿Qué contradicciones existen entre el discurso y las decisiones misóginas en el estado gobernado por Alejandro Armenta?
Sin embargo, el contraste no se limita a las bardas. Entre los antecedentes señalados se encuentra un episodio que sucedió en julio de 2025, cuando Alejandro Armenta fue criticado después de que durante una conferencia pública le tronó los dedos a la secretaria de Turismo, Carla López-Malo Villalón, mientras le pedía acelerar la promoción turística.
El gesto generó señalamientos de machismo, prepotencia y violencia de género por parte de críticos y actores políticos.
Pero este no es el único hecho misógino por parte de un morenista en Puebla, pues otro episodio que alimentó las críticas ocurrió durante las fiestas patrias, cuando José “Pepe” Cinto Bernal, alcalde de Juan C. Bonilla, fue captado en video cargando a una mujer sobre los hombros mientras le tocaba los glúteos. El hecho generó cuestionamientos por la conducta del edil y por el contraste con el discurso de “Es tiempo de mujeres”.
En septiembre de 2026 volvió la controversia, esta vez por las declaraciones del gobernador sobre las mujeres y los Concejos Municipales. El argumento de que determinadas zonas representan un riesgo para ellas generó cuestionamientos sobre si la inseguridad debe convertirse en una razón para restringir su acceso a responsabilidades públicas.
El contraste también aparece en el caso de Gabriela Sánchez “La Bonita”, quien dejó la Secretaría del Deporte y Juventud el 29 de septiembre de 2026 y recibió el respaldo público de Armenta para buscar una candidatura de Morena a la presidencia municipal de Puebla.
Así, mientras en algunos municipios el gobernador argumentó que era delicado colocar mujeres debido a la inseguridad, en el caso de la capital poblana respaldó públicamente la aspiración de una mujer para encabezar el gobierno municipal.
Sin embargo, persiste la contradicción: mientras el mensaje “Es tiempo de mujeres” aparece masivamente en distintos puntos de Puebla, las declaraciones del gobernador Alejandro Armenta han generado cuestionamientos sobre la congruencia de ese discurso.
El debate no está en si las mujeres pueden ocupar cargos en municipios afectados por la violencia, sino en si la inseguridad debe convertirse en un argumento para limitar su acceso a espacios de poder.













