El párkinson es una enfermedad neurodegenerativa que afecta el movimiento y puede presentarse tanto en adultos jóvenes desde los 20 años, como en personas mayores.
Aunque, si bien pasados los 65 años de edad es poco probable que se desarrolle, existe una posibilidad. Su origen está relacionado con la disminución de dopamina en el cerebro, y trae consigo manifestaciones visibles e invisibles.
Pese a que no hay cura para este padecimiento, los medicamentos buscan compensar la falta de dopamina y su dosis se ajusta conforme avanza la enfermedad, sin embargo, como señalan los especialistas, detectar los cambios a tiempo permite iniciar un tratamiento y mantener la funcionalidad durante más tiempo.
Los expertos en neurología señalan que aunque no existe un único signo que determine la enfermedad, hay cambios que deben llamar la atención: una marcha cada vez más lenta o dificultad para iniciarla es señal de alerta; y aunque el factor genético influye, en la mayoría de los casos nuevos no se tiene historia de párkinson en la familia.
Aunque hasta el momento no hay cura para esta enfermedad, en algunos pacientes, la cirugía puede ayudar a controlar las alteraciones motoras, sin embargo, la enfermedad permanece en el sistema, por lo que otros síntomas como depresión, ansiedad, problemas de sueño e incontinencia urinaria seguirán afectando. Como señalan los profesionales, el mejor tratamiento es aquel que conserve la calidad de vida.












