Desde julio de 2026, un brote de ciclosporiasis en Estados Unidos ha afectado a 27 estados y fue relacionado con la contaminación de un tipo de lechuga, lo que despertó dudas entre los consumidores sobre las causas de la contaminación alimentaria.
¿Cuáles son las causas de la contaminación en la lechuga?
Cabe destacar que, una lechuga pasa por múltiples etapas en su producción y distribución, lo que favorece la presencia de bacterias como E. coli, Salmonella, Listeria y parásitos como Cyclospora, que provoca la ciclosporiasis.
Además, debido a que esta hortaliza suele consumirse cruda, los microorganismos pueden llegar al organismo y provocar desde infecciones gastrointestinales hasta complicaciones graves.
Entre los grupos con mayor riesgo se encuentran niños pequeños, adultos mayores, mujeres embarazadas y personas con sistemas inmunológicos debilitados, quienes pueden desarrollar cuadros más severos tras consumir alimentos contaminados.
Otro de los principales factores de contaminación, es el uso de agua de riego contaminada, así como la utilización de abonos orgánicos sin un tratamiento adecuado.
También influyen las deficiencias en las prácticas de higiene durante la producción, cosecha y manipulación del alimento, permitiendo que bacterias y parásitos permanezcan en las hojas hasta llegar a los puntos de venta.
A su vez, la presencia de animales silvestres en los cultivos y el contacto con estiércol utilizado como fertilizante también favorecen la dispersión de microorganismos capaces de contaminar la hortaliza.
💊 ¿#Diarrea explosiva o simple infección estomacal?
— Azteca Noticias (@AztecaNoticias) July 17, 2026
La diferencia puede ser clave: mientras una #gastroenteritis común desaparece en pocos días, la ciclosporiasis causada por Cyclospora cayetanensis puede prolongarse semanas con episodios intensos y repetitivos.
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¿Por qué la lechuga representa un riesgo de contaminación alimentaria?
La lechuga crece bajo exposición directa al suelo, por lo que permanece en contacto constante con tierra, agua y materia orgánica, aumentando la posibilidad de incorporar microorganismos desde el campo.
Durante la cosecha, al cortar la planta, ésta libera un látex natural que puede atrapar bacterias e introducirlas en el interior de sus tejidos, donde encuentran condiciones favorables para multiplicarse.
Por ello, un lavado convencional con cloro únicamente elimina parte de los microorganismos presentes en la superficie, mientras que aquellos que ya penetraron en el tejido vegetal pueden permanecer.
Además, la contaminación cruzada durante el transporte, almacenamiento o venta, especialmente cuando las verduras se lavan con agua reutilizada, incrementa el riesgo de transmitir bacterias y parásitos al consumidor.
Finalmente, para consumir la lechuga de forma más segura, es recomendable lavar cuidadosamente cada hoja con agua potable y utilizar un desinfectante apto para alimentos, aunque este procedimiento únicamente reduce la carga de microorganismos y no garantiza la eliminación total de parásitos como la Cyclospora.
Cuando exista un brote de contaminación alimentaria o se trate de personas con mayor riesgo, la opción más segura es consumir verduras cocidas, ya que alcanzar una temperatura interna mínima de 70 °C elimina bacterias como E. coli, Salmonella y otros patógenos sensibles al calor.
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